Miércoles, 26 Junio 2024 08:02

El consumo de pan ralentiza su descenso. ¿Logrará la prolongación de las medidas fiscales revertir esta tendencia?

Silvia Martín Silvia Martín

Por Silvia Martín, directora de Normativa Alimentaria de la Asociación Española de la Industria de Panadería, Bollería y Pastelería (ASEMAC).

El pasado viernes 21 de junio el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, presentó el Informe de Consumo Alimentario 2023 en España, el cual indica que el consumo de alimentos y bebidas permaneció casi estable -descendiendo el 0,7 % con respecto al año anterior-, con un total de 685,02 kg/l per cápita. La evolución del gasto fue mayor, creciendo el 7,5 %, hasta alcanzar un total de 115.917,42 millones de euros, 2.732,77 euros por habitante en 2023.

Concretamente, en lo que concierne al pan, los hogares españoles redujeron un 1% la compra de pan en el año 2023, si bien en el 2022 el descenso registrado fue del 7,2% y en el 2021 del 8,1%, lo cual pone de manifiesto la ralentización del descenso del consumo. En promedio cada individuo español ha consumido una cantidad de 27,35 kilos de pan en el 2023, lo que supone un descenso del 2,1% respecto al año anterior, representando que se han vendido 96 millones de barras menos. El pan representa ya menos del 5% en el volumen de la cesta total de los hogares españoles.

Si nos remontamos a los años 60, época en la que según los registros comenzó a descender el consumo de pan en los hogares, se estimaba un consumo en el hogar de 130 kg. de pan por persona y año, si bien el cambio de los hábitos alimentarios ha propiciado un descenso imparable. Si consideramos como horizonte temporal, el año 1990, en el que se fundó ASEMAC, la cantidad total de pan comprada en hogares se cifraba en 48,60 kg por persona y año; por ello, esto se traduce en que el consumo ha descendido casi un 50% en 35 años, a lo que sin duda no ha ayudado, el equivocado mantra “el pan engorda” del que no conseguimos despegarnos, así como los cambios en los patrones laborales y sociales.

 

El pan en la dieta mediterránea

Por otro lado, y haciendo referencia a la presentación del Informe con la que abría el artículo, debemos destacar la relevancia de la dieta mediterránea y los hábitos saludables asociada a ella, que están reconocidos como uno de los elementos más atractivos de los alimentos y de nuestro estilo de vida en España.

En este sentido, cabe señalar que el pan es un alimento tradicional y uno de los pilares de nuestra dieta mediterránea. Su consumo mantenido a lo largo del tiempo radica en que se trata de una fuente barata e importante de energía, aportando hidratos de carbono complejos, proteínas, vitaminas y minerales. Numerosas investigaciones han constatado los efectos beneficiosos del consumo de pan, especialmente cuando forma parte de una dieta saludable como la mediterránea.

 

Campañas para fomentar su consumo

Por parte del sector, hemos lanzado diversas campañas de promoción, tales como “Pan cada día” o “Buenos días con pan de Europa”, ésta última impulsada por INCERHPAN con la colaboración de la Comisión Europea. Dicha campaña proporciona información actualizada con el fin de que los niños de 6 a 12 años conozcan las propiedades del pan y sigan una dieta más saludable, fomentando su consumo en al menos dos raciones al día. A veces nos preguntamos si el descenso del consumo hubiera sido mayor si no hubiéramos puesto en marcha este tipo de iniciativas.

Hoy en día, estamos ante un consumidor cuya decisión de compra, más allá de la variable precio, se basa en criterios de alimentación saludable, innovación o conveniencia. Los hábitos alimentarios se encuentran en continuo cambio, influidos por el comportamiento de un consumidor cimentado en compras más racionales y planificadas. En este contexto, el consumo de pan continúa bajando en los hogares en volumen, si bien podemos decir que las empresas representadas por ASEMAC son un claro ejemplo en innovación y están volcados en el desarrollo de productos adaptados a las demandas de los nuevos consumidores. 

 

Iniciativas fiscales

Desde ASEMAC celebramos que ayer el consejo de ministros prorrogará la rebaja del IVA a ciertos alimentos hasta el 30 de septiembre, entre los que se incluye el pan común, cuyo fin estaba previsto el 30 de junio.  Eso sí, del 1 de octubre hasta el 31 de diciembre, el IVA del pan pasará al 2%. Este acuerdo responde a la actual situación coyuntural motivada por las consecuencias económicas y sociales derivadas de los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo, algunas de ellas vigentes desde 2022 y 2023. Dichas  rebajas de impuestos están en vigor desde el 1 de enero de 2023, momento en que alimentos, tales como, otros aceites comestibles, la leche entera, las harinas o los huevos subían más del 30 % interanual, mientras que el queso se encarecía un 20%, el pan, el 13,5%; la pasta, el 12%; y las hortalizas frescas, el 11,5%.

Por otro lado, no es la primera vez que el gobierno adopta medidas de fiscalidad positiva en aras de aumentar el consumo de pan. En el año 2019 cuando se aprobó la actual Norma de calidad del pan, se amplió la definición de pan común, permitiéndose desde entonces que se aplique un IVA reducido a un mayor número de productos que se consideraban de consumo habitual en los hogares, tales como los panes integrales, los panes de otros cereales distintos al trigo y los panes elaborados con salvado, todos ellos recomendados por los organismos sanitarios.

Ahora bien, si consideramos el escenario de la categoría de pan, con respecto al año 2019, los datos no son tan favorables como nos gustaría. Los hogares adquieren un 10,7% menos de kilos de pan. Por ello, aún queda mucho camino que recorrer y desde ASEMAC consideramos que parte de él sería una nueva ampliación de la definición de pan común. A nuestros ojos, resulta incoherente, ya que nos encontramos en la paradoja de que, al añadir determinados ingredientes, tales como el aceite de oliva, a un pan, éste pasa de ser considerado de pan común (IVA 4% o 0% con las actuales medidas anticrisis) a pan especial (IVA 10%), con un tratamiento fiscal más gravoso y que no es favorecido por las medidas anticrisis.

Del mismo modo, también debemos poner el foco en otras iniciativas que podrían desincentivar el consumo. El pasado 20 de junio, el Ministerio de Agricultura iniciaba un procedimiento de consulta pública para adaptar ciertas normativas de calidad, contemplándose en ese proceso el reconocimiento del «pan sin gluten» como un tipo de «pan especial» y por lo tanto sujeto a un IVA del 10%, lo que tendría un claro efecto negativo en la cesta de la compra del colectivo celiaco.

Como conclusión a todos estos hechos y cifras, la prolongación de las medidas fiscales podría ayudar a que la disminución del consumo de pan, imparable en los últimos años, no siga en ascenso. Ahora bien, esta medida sola no basta. Se debería acompañar de una definición más amplia del pan común, evitando que determinados panes especiales, con buenas propiedades nutricionales se vean penalizados. Y no debemos olvidar la volatilidad de nuestro sector sometido a las presiones inflacionistas, para el que es relevante contar con un marco regulatorio y fiscal coherente y estable, evitando nuevas cargas fiscales y garantizando la unidad de mercado.

 

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